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sábado, 6 de junio de 2009

Tú luces mejor que ellas

El umbral era una frontera protegida por un par de tacones altos. Una provocación.
Al verla, reducida al púrpura de su ropa interior sintió que miraba otra persona. Su atracción provenía desde un hueco profundo, inalcanzable. Observarla era distorsionarse siempre, pero qué podía hacer, ¿dónde guardar aquél impulso tan parecido a la sangre de un muerto?
Las preguntas hacían más lento el tiempo, dejados ahí lucían como una foto potencialmente erótica, nada más. No había en ni en el color ni en la forma algún rastro de familiaridad, ambas, imagen y realidad eran frías, sin viento, en silencio.
A la espera de la primera palabra apagó la única luz encendida en el departamento, la del cuarto.
- De nuevo a oscuras
- ¿dónde estabas?
- Con unas putas
- ¿y bien?
- Tú luces mejor que ellas.

jueves, 4 de junio de 2009

pol aun no llega

Pol despierta entre cuerpos desnudos. Fatigado, su primera idea tiene nombre. El aire aun denso del cuarto le recuerda vaginas, cigarros, alcohol y gritos.
Piensa en esperar, la cabeza aun le da vueltas y hay dos piernas ajenas sobre su cuerpo. La ciudad huele a resaca y bocas secas.

Cuando Alejandra por fin llega a casa todo es orden y frío, parada en la entrada observa todo con detenimiento. No está triste. Pero no le convencen las paredes, no le agrada la cocina; la puerta de su cuarto con orificios de bala le parece ofensiva, que mamona.
En su cuarto, mientras se desnuda, el sonido de las prendas sobre su cuerpo inunda las paredes, con calma, la tarde envuelve el mundo. Pol aun no llega.
Se percata que piensa en Pol sin pensar hacerlo, toda su ropa interior se la había comprado él mientras jugaban a cumplir deseos idiotas. Le preguntó qué deseaba de regalo, ella, recordó su casa de muñecas y lo divertido que resultaba intercambiarles las pantaletas. Pidió entonces muchos calzones.
Aquella compra había resultado un viaje maravilloso a un centro comercial. Las pantaletas habían logrado una buena tarde: Mientras Pol la veía modelar los encajes no recordaba nada, la memoria aun no comenzaba su trabajo, todo era nuevo y reluciente.

Ahí en el cuarto, viendo el cesto lleno de bragas quiso quemarlas todas. ¿Por qué será el fuego el que termine con todo?

martes, 19 de mayo de 2009

sin maquillaje

Alejandra camina por las calles. Indiferente se sabe observada ¿Dónde quedaron los reclamos del matón de su novio? Sin reflexiones ni maquillaje la niña sale a la calle a recoger girasoles. Se deja, se abandona. Una mujer sola en la calle es una advertencia.
Los aparadores la traen, la frialdad de los maniquíes, el aroma a nuevo, la luz artificial que agranda sus ojos. Entra a la tienda, fascinada comienza a entristecer.
¿El vértigo de un hombre, su mirada, sus manos firmes podrán ser más que ella misma?
La niña ha comenzado a sentir los pulsos de un corazón dormido en una tienda con ropa siempre nueva. Alejandra entra a los vestidores a llorar lo poco que sabe, sus lágrimas son de aire.

domingo, 17 de mayo de 2009

Tus piernas no son sagradas

Caminamos sobre la amplitud de la noche, me pregunto ¿qué chingados haces junto a mi?
Muy en el fondo no quiero estar sobrio, no quiero tener que soportar tus estúpidos berrinches. ¿Por qué te respeto? El día que me canse de hacer preguntas también habrán salido mis ojos de sus cuentas.
Mientras miro al cielo no siento que estés caminando a mi lado, escucho tus tacones como animales que se comunican produciendo un toc-toc en intervalos.
Alejandra tus piernas no son sagradas.
-No quiero caminar más.
Entré a un bar cercano con la intención de besuquearme con una desconocida. No quiero saber nada de la boca que froto, no quiero preocuparme.
En la barra pido sin pensarlo un Vodka Tonic. El bar tender es un joven moreno, pelo negro. Alejandra se sienta a mi lado derecho, a mi izquierda una mujer de tez blanca mira el vaso que comienzo a beber, prende un cigarrillo, me ofrece de su cajetilla y sonriendo me acerco a besarla. Cierro los ojos, escucho todas las voces y no dicen nada. Estos labios que beso y saben a tabaco no me causan nada.
Me separo, a qué te dedicas me pregunta la chica, soy asesino, se ríe, fuma. Con esa forma de besar puedo creerte. Un cumplido que escucha Alejandra mientras grita ¡Zorra!
Para mi fue como escuchar ¡Hola!

Seguí bebiendo Tonic, seguí besando desconocidas. Poco a poco mi conciencia fue volviéndose blanda.

- Te gusta besar zorras verdad
- si, creo que si- respondí ebrio
- ¿A qué saben?
- A ti pero con menos pedos

Me gusta ofenderla pero no se va, qué ha pasado con ella.
¿Qué será?

túneles

He visto todos los rostros de esta fiesta, Alejandra baila perdiéndose entre ellos, su vestido negro hace que me sienta más enervado.
Todas las heridas de la noche anterior acabaron con 4 puntadas en la nuca.
Abro las puertas blancas del departamento en que estoy metido, esta puta fiesta es similar a muchas otras: música, sustancias y otra conciencia.
En el fondo estoy cansado de repetir el mismo nombre, perdido en un circulo pensando en lo mismo, desesperado salgo del piso que se encuentra en lo más alto de un edificio del centro. Alejandra corre tras de mi, su escándalo de niña consentida hace que sienta los pasillos más anchos y blancos, sólo túneles

El dedo me señala, yo pienso que detrás hay un vestido, debajo unas bragas y después un golpe muy bajo. Su cuerpo tiene las cualidades de un arma de la cual no puedo protegerme.
Pero es sólo eso, su cuerpo.

Ignorando sus ladridos bajo las escaleras y pronuncio una oración vil, quiero deshacerme de ella. Soy un cobarde.

domingo, 10 de mayo de 2009

una mancha, nada que yo conozca

La almohada cubierta de sangre, los ojos seducidos por la idea de luz son reprimidos. Pol se siente mareado por la pérdida de sangre, a su costado derecho Alejandra lo observa.
El cuarto ha quedado cubierto, es una mancha intensamente negra que huele a pólvora quemada y perfume español. Bajo la mancha dos cuerpos descansan, afuera todo es aterrador.

Alejandra no puede responder las preguntas que emergen de aquél cuerpo como pequeños hilos de sangre que bajan por la almohada, simulan palabras que se construyen gota a gota.
Ella, estática, no imagina respuestas. Acaricia al hombre ¿Será su tacto la respuesta? Recargando la mano sobre el rostro de Pol, insiste pero no hay nada.

Impávido, ve a Alejandra, ¿será dolor? no lo cree. Verla es incertidumbre, tumbado, siente que su cuerpo no encaja. ¿Dónde estoy sin Alejandra? Aquello frente a mí es únicamente una mancha, nada que yo conozca.
La certeza del tiempo, la sucesión de hechos, nubló cualquier certeza. Aquella noche tenían que volver a ser animales, comer carroña, reírse infatigables. Dos manchas mostrando los dientes sin miedo y cansancio.

domingo, 26 de abril de 2009

No, no tenía tantas balas.

El cuarto se cubrió de disparos. Pol se vio desconcertado, fatigado, naufragó sobre ideas desesperadas que se redujeron a un escape con suerte y los sobresaltos propios de matar a un mandatario. ¿Cuánta importancia en la cabeza de un gordo que predicaba amor y te manoseaba por detrás?

Con las manos cubiertas de sangre caminó unas calles para perderse, el sonido de las sirenas cubría con intensidad la noche, salir de ahí sería más difícil.
Pol tomó la avenida principal caminando en dirección contraria a los autos, no corría, paso tranquilo sometía el ansia de disparar a todas partes. La calle se volvía intensamente fría, se alargaba prolongando desvaríos en el cuerpo sudado de Pol.
Ni una tienda abierta, nada. Los pasos siguen perdiéndose dentro del pavimento, cada nuevo sonido de los zapatos es la ansiedad de un disparo reprimido ¿y si enfrentaba a los policías uno por uno? No, no tenía tantas balas.

Mientras Pol jugaba haciendo preguntas, el cuerpo policial hizo una ronda de veinte minutos, revisaron algunas calles cercanas a la casa de Joaquín Sigüenza, líder del grupo del centro en el Congreso Nacional, un tipazo.
Al término de los veinte minutos mínimos de búsqueda, la policía decidió irse, objetando que el asesino debía ya haber tomado otro rumbo.

Ya no se escuchan todos los ruidos estridentes producidos por una patrulla, las piernas del asesino se relajan, el pulso vuelve a tomar el ritmo habitual. Tendrá que caminar todavía una hora más, después de matar es tentador pararse frente a otro desconocido con la sangre tan espesa y no reparar en justificaciones. Solo, sin nada más, el cañón de un arma puede cambiar el mundo.

Despejado y casi amaneciendo Pol entra a casa, desea dormir tan pronto se encuentre con su cama, no será posible. En el momento en que abre la puerta suenan tres disparos, conoce el arma, es su calibre veintidós. Las balas perforan la puerta, desde un orificio Pol ve a Alejandra parada con el arma sostenida con ambas manos, tardó en reconocerla por el nuevo color de pelo, parecía otra.
- ¡Qué te pasa! - Gritó Pol y la respuesta fue otra ráfaga de disparos al azar. Estás de la verga, ¿que chingados te pasa me quieres matar?
- ¿no sabes que me molesta mucho que llegues tarde? Alejandra se acerca a la puerta y la abre, del otro lado Pol-confundido deja guiar su cuerpo cansado de la mano de Alejandra que lo lleva a cama, comienza a desnudarlo. Los parpados comienzan a cerrarse con la voluntad de las manos de una mujer sobre su cuerpo, de pronto un golpe seco y agudo en la nuca de Pol lo hace caer inconsciente. Alejandra ha golpeado, de nuevo todo huele a pólvora.