Buscar este blog
miércoles, 8 de agosto de 2012
Haššāšīn
pero ese rostro hombre que abrió mi sueño
para encajar sobre la noche sus turbias alas
mereció de mí un par de disparos en la frente.
Entonces el poema comenzó a desvanecerse:
Ese hombre tenía familia
y como es común
las familias se procupan
Ese hombre apareció
en el periódico del pequeño poblado
muerto sobre playa arrocito
Yo vi la foto.
Soy un asesino, creí. Busqué el diccionario.
Del ár. ḥaššāšīn 'adictos al cáñamo indio'
Soy un homicida entonces, pensé.
martes, 7 de agosto de 2012
Lady Gaga desnuda con su novio en la piscina
en su cuenta de Twitter fotos
desnuda con su novio, un actor
al que poco importa conocer
Cuando veo su foto me siento conservador e idiota.
Examino mi carpeta de fotos:
Familia
Fiestas
Mujeres a las que resulté divertido
Mujeres que quise y después odie y otra vez
Ni un solo desnudo en la piscina
ni glamour esperando detrás.
Observo con cuidado una sobre el sillón:
Dos mujeres asumen una postura lasciva,
una de ellas lleva falda corta, la otra un
pantalón negro y en la imagen intentan besarse
al reverso puedo leer: sólo te perdiste de una fiesta.
lunes, 6 de agosto de 2012
Era perro y te veía bailar
tus muslos muy juntos
los calentadores comprados en el barrio chino
y el olor de tu sudor navegando mi olfato
Recuerdo que perro dejé de montar los cojines
los insulsos peluches olvidados en las camas
porque obedecí tu olor a vulva joven
tu olor de mamífero hembra...
y me cortaste las bolas.
Los poemas son una mentira
Esa pregunta rondó todas las esquinas de los barrios
que pude caminar. Lugares todos donde algo pude
haber dejado o donde olvidé o me olvidaron.
Pero preguntaba qué es un poema.
Después vendrían los antipoemas y yo quedé en lo falso.
Los barrios se volvieron ojos, lenguas, palabras de carne y forma.
Entonces me dijeron:
El poema es esto que tiene tu forma y anda
yo no creí
El poema es lo nuestro, lo que nos ata
no creí
¡El poema no existe come mi boca!
estuve a punto
de caer.
Pude salvarme porque alguien me habló:
-oye podemos platicar
-sabes qué es un poema?
-una mentira, pero yo no quiero leer poemas hoy, sólo contarte unas cosas.
martes, 27 de octubre de 2009
Casi Rojo.
Ese inicio de otoño pasé la tarde leyendo cartas que parecían venir de todas partes menos de mí, no podía reconocerme en aquellas frases repetitivas, llenas de encanto y condescendencia. La lectura comenzó a irritarme, era ofensivo creer que todo aquello había existido. Sin embargo cada papel contenía un recuerdo inscrito, lleno de espacio, como un observador sin restricciones podía moverme libremente mas no participaba en los actos, que eran ejecutados por personas relativamente parecidas a mí.
Hasta esa tarde pude preguntarme ¿con quién había estado saliendo Ilana? ¿Quién le escribía tantas y estúpidas cartas para justificarse?
Sé que volverás esta noche
Sobre ti, cabalgándote
Vendrán mis celos
Romperán todo.
Esos ínfimos cuatro versos los encontré en la esquina de un diario. Anunciaban la llegada tormentosa de Ilana. Reconocí al sujeto que escribía los versos esperando en el Aeropuerto Internacional, recordé aquella madrugada óxida, a los policías roncando recargados sobre paredes muy limpias, incluso podía verme sentado junto a aquél hombre compartiendo el frío pero no recordaba haber escrito aquello.
Las fotos mostraban el cuerpo desnudo de Ilana bajo un intrincado juego de luces y sombras, aquella iluminación no era casual pero no pude encontrar un significado prudente. Mis respuestas eran disparatadas: alguien ayudó a Ilana con la iluminación, por ende la miró desnuda, activó el obturador, acomodó las luces, sugirió posiciones, incluso pudo haber arrugado las sábanas nunca intactas bajo las cuales yo también dormí. Alejado, desde la cocina y sin mirarlas, las imágenes eran excitantes, ojos, labios, pezones con destino cierto: yo.
Si, me acosté con Ilana y esta tarde aquello es tenue, si digo que el sexo con ella fue un susurro estoy mintiendo, pero es justo.
Recuerdo con más nitidez que acostarme con ella era ser envuelto, todo en ella era un gesto de placer: sus olores, la delicadeza de sus gestos, lo terso de su cama. Ilana me poseía antes de aprisionarme entre sus piernas y dejarme abatido bajo el encanto de la seda.
Tal vez por eso continuo leyendo todos estos malditos trozos de papel desnudo, enredado bajo innumerables escenas, todas, sujetándome, reclamando.
Rostros todos despellejados frente a mí, cayéndose a trozos pestilentes.
Puedo recordar ese olor, casi rojo.
En siluetas el sonido de acordeones se asoma, es una carta sin fecha.
Un centenar de aves cruza el tiempo sin engranes de la tarde, es Antigua.
Sus manos en algún punto sujetan las mías, sus pasos. Caminamos la pequeña plaza y su kiosco. Las paredes casi derrumbadas del palacio municipal reflejan algo que no entiendo a leer. Seguimos caminando sobre adoquines, Ilana no dice nada. En cambio en la carta alcanzo a leer:
Sobre mi carne
Se extienden tus pasos
Manchas ennegrecidas
Golpes íntimos
Lleno de marcas
Pierdo el rumbo
No te alcanzo
Cuando volvemos al hotel el cielo se ha nublado, el volcán se esconde e Ilana no se desnuda. Alcanzo a leer que discutimos, pero deseo saber más sobre ese cuerpo.
domingo, 23 de agosto de 2009
Maldito amarillo
Los Delicados se han terminado por completo, el humo que desprendo no tiene valor. ¿Cuántos cigarros se han terminado al mismo tiempo? El mundo me parece pequeño e insolente. Me llamo Saúl, me parezco a mi padre, soy el último rostro de una cadena estúpida.
Me perturba escuchar que la gente se acerque y me diga que han encontrado alguien parecido a mí:
-¡te vi caminando el otro día!
-No era yo
- pero si eras igualito, ¿por qué no me hablaste?
Si pudiera responder con franqueza habría dicho que ninguno de mis otros responde al saludo de mis desconocidos, que a su vez vienen a mí para solucionar lo que no me importa.
Es terrible parecerme al mundo, pensar que un maldito amarillo acaba de terminarse los cigarros, creer que otro jodido caucásico es confundido con un bolillo.
Ya no hay gatos en mi casa, no sé qué hacer mientras decenas de miradas ocasionales me embisten, no quiero preguntarme sobre nada, ni pensar en nadie.
jueves, 13 de agosto de 2009
Poco a poco, los maullidos se reducen
Sobre el espejo no se refleja ningún ruido, encerrado en la imagen Saúl ve sus gestos: que formas tan raras puede adquirir la carne. Sus líneas de expresión son el recuerdo de algo que pudo haber sentido, la suposición de que aquél que lo mira desde el reflejo es un condenado.
Sin dejar de confrontar el espejo apaga la luz, el contorno oscuro resultante le parece más familiar aun, intrigado se acerca, mira con detalle… no hay nada. El maullido de cuatro pequeños felinos hace que vuelva a encender la luz, en la sala, apretujados dentro de una caja de cartón los gatitos lloran y se mueven con torpeza. ¿Será mejor matarlos o darles de comer? El refrigerador es ahora la respuesta, cuando la puerta se abre un fétido olor a vacío determina la suerte de los gatos.
Poco a poco, los maullidos se reducen ¿Dónde está Plutón? Saúl vuelve al espejo… la imagen es la misma, ningún ruido, aquél esclavo sigue impávido.